• No sé lo que me pasa. Está muy dentro de mi. En el fondo de todo lo que soy, en la esquina donde viven mis infiernos y mis arcángeles. Está dónde nadie puede llegar. Ni psicólogos, ni terapeutas, ni mi familia, ni las drogas. Tú tampoco puedes, eres el que menos puede.

    -Pero tú lo has intentado más que nadie. No sé lo que te pasa.-

    Tú no lo sabes, pero yo me siento extraña cuando por las noches me abrazas más fuerte de lo que te podrías abrazar a ti mismo. Gentilmente, me retuerces entre tus brazos, me jalas, me detienes, no me dejas ir, me quieres y me lo dices entre sueños.

    Yo no te quiero aquí, o si.

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    Pero el día llega y todo pareciera volverse feliz. El amanecer, el desayuno, tu sonrisa. Tú diciéndome que soy fuerte, tú besándome, tú conociéndome, tú sonriéndome y tú haciéndome florecer a la fuerza.

    Todos sabemos que yo no tengo razones para dejarte. Incluso yo sé que en el fondo no quiero dejarte, pero de ese mismo fondo surge lo inentendible, lo oscuro, lo cruel e insoportable que me carcome por dentro y que no me deja ser feliz. Es como si la felicidad fuera aburrida. Es como si mi inteligencia fuera nula y quisiera hacer todo lo contrario a lo que me conviene.

    -Porque algo me queda claro, me convienes.-

    Tampoco es como que no te quiera. Si te digo que te quiero es porque lo siento, si te susurro al oído es porque lo vibro, si te abrazo, si te jalo, si te traigo hacia mi, es porque te deseo. Estoy hablando de algo mucho más complejo.

    Estoy hablando del fenómeno del autosabotaje, estoy hablando de hacer lo que sabemos que nos hará daño, estoy hablando de dejarte y después arrepentirme.

    Pero lo intento controlar, llevo meses distrayendo a mis demonios, pero a veces no puedo, y lo sabes. A veces me pongo insoportable, a veces te empujo y te digo que te vayas, me pongo pesada y lanzo palabras acidas que ni tus acciones más dulces logran calmar.

    Y vivo con el miedo entre las patas, con la sensación de que cualquier día podría ocurrir, con la idea de que un día te irás y nunca podré hacerte volver. Vivo sabiendo que me voy a arrepentir.

  • chavon¡